37 Carencias
01 Para empezar
¿Por qué nos enfocamos tanto en lo qué nos falta?
Por más que estemos rodeados de cosas positivas, a veces, incluso cuando logramos algo bueno o por fin nos liberamos de algo que pesaba, la mente busca un nuevo vacío que llenar. Un paciente me lo describió muy bien: “es como si necesitara un pequeño drama para sentirme viva.”
Muchas personas se refugian en el caos porque es lo que conocen. No es su culpa: crecieron en medio de él, y en lo estable sienten un tipo de incomodidad. Es difícil confiar en la calma cuando toda la vida aprendiste a sobrevivir en medio de la tormenta. Vives esperando el siguiente golpe.
02 Para pensar
La carencia no siempre tiene que ver con lo material; tiene que ver con lo aprendido. Si pasaste hambre emocional, te falto: amor, cariño, atención, etc., cualquier muestra de afecto (aunque no sea buena para ti) puede sentirse como un lujo. Y si viviste con la idea de que el amor escasea, soltar algo que no te nutre puede parecer peligroso. Tu memoria emocional piensa que algo es mejor que nada.
Otro paciente en una situación similar me decía que mucho tiempo tuvo “hambre de afecto”, y yo le pedía que dejara el pastel cuando él estaba acostumbrado a las manzanas mordidas. Nos reíamos de lo difícil de este reto. Pero yo le proponía: solucionar su “hambre”, aunque tomara más tiempo, en lugar de sólo enofcarnos solo en entender por qué se atascó en esa situación específica. Buscar una solución a largo plazo.
Cómo platicamos en otra newsletter, tenemos que aprender a reaprender. Reconocer la carencia es el primer paso que cambia todo. Hay algo en tí que sabe que se merece mejor. Ya no actúas desde la necesidad ciega, sino desde la conciencia. Puedes actuar desde lo lógico en vez de lo emocional y decidir quedarte o irte sin sentir que estás perdiendo algo vital.
Con esta misma paciente que mencioné al principio, llegamos a la conclusión de que la carencia se parece a la hierba: si no la cortas, vuelve a crecer. Es difícil arrancarla toda de una sóla vez; se trabaja con constancia —poda tras poda— hasta que logras desaparecerla y dejar espacio para lo nuevo.
03 Para hacer
En vez de preguntarte por qué me conformé con tan poco, y castigarte por ello, intenta preguntarte qué hambre estabas tratando de calmar. El trabajo no está en juzgarte por lo que elegiste, sino en entender de dónde venía esa elección. Porque creo que cuando empiezas a sanar el hambre —de atención, de afecto, de pertenencia—, dejas de aceptar migajas.
04 Para continuar
Swiped, una historia de aprender a reaprender dentro de la incomodidad.