42 Fuerza de voluntad
01 Para empezar
Con esto de enero y los propósitos, pensaba con un paciente de su problema de procrastinar incluso cosas “importantísimas”. Le pregunté si creía que existía una cura para su procrastinación. No dudo ni tantito y dijo: “fuerza de voluntad”.
Me explicó que sentía que tenía un 4/10 de fuerza de voluntad, y que no la tenía más alta porque la mayoría de las veces sus emociones se intrometían. Por ejemplo: sabía que tenía que mandar un correo clave a su jefe, pero cada vez que lo intentaba sentía ansiedad, incomodidad y una voz interna que decía “mejor no, seguro lo malinterpreta”. No era flojera. Era emoción mal gestionada
Y creo que ahí está el punto que casi nunca vemos: muchas veces no es que no tengamos voluntad, es que nuestras emociones la sabotean. La pregunta importante no es cómo tener más fuerza de voluntad, sino: ¿qué pasaría si pudiéramos alinear nuestras emociones con lo que decimos que nos importa?
02 Para pensar
Pensando en cómo regular estas emociones para que no se coman la voluntad, llegué a algo: la fuerza de voluntad no crece de un día para otro. Vive pegada a algo que se nos olvida, pero que es más grande: la disciplina. Y la disciplina no es rigidez ni castigo; es una forma de respeto hacia ti mismo.
Si no te gusta nada de ti, si no valoras nada de lo que eres o de lo que quieres, ¿qué vas a respetar? ¿Por qué me levantaría a hacer ejercicio a las 7 am si no valoro la longevidad? ¿Por qué dejaría una relación que me lastima si, en el fondo, no creo que merezca algo mejor? ¿Por qué ahorraría dinero si no tengo claro qué quiero para mi futuro? Por eso muchas veces creemos que hacemos de todo… menos esas cosas “importantísimas”.
No es falta de voluntad. Es falta de claridad sobre qué sí vale la disciplina y la constancia para construir esa fuerza de voluntad.
03 Para hacer
Podemos empezar por cuestionarnos qué hacemos por “deber ser” y qué hacemos por qué de verdad nos importa. A lo mejor para ti el ejercicio entra en el deber ser, y está bien. Podrás ejercer tu disciplina en otras cosas que para ti valgan más.
Y aquí está la clave: cuando empiezas a actuar desde lo que sí te importa, la disciplina deja de sentirse como una obligación y se vuelve coherencia. Te dejas de pelear contigo mismo para si sí, si no o a qué hora hacer eso que se siente tedioso.
Muchas veces creemos que la gente disciplinada “no siente ganas de rendirse”. La realidad es que sí las siente… solo que decidió escuchar algo más importante que la emoción del momento.
Y para esto necesitamos enfoque. Porque el enfoque es poder. Y la voluntad es, en el fondo, determinación para no traicionarte.
04 Para continuar
Esta película muestra cómo el talento y la inteligencia no bastan si no hay disciplina, enfoque y decisiones incómodas a tiempo.